Los días de Yoko en su hábitat en el Bioparque Ukumarí, en Pereira, transcurren de manera rutinaria: juega con una pelota y otros elementos, se balancea en un columpio y come guamas, uvas y plátano maduro, los alimentos que más disfruta. Hasta hace unas semanas, en las noches veía televisión, en especial, programas de dibujos animados, tal y como aprendió a hacerlo en sus primeros años de vida, cuando estaba en manos de un narcotraficante.
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Los 38 años de vida de este primate (Pan troglodytes) han sido difíciles, con excepción de los últimos ocho, en los cuales ha sido tratado como lo que es, una especie, aunque ha permanecido encerrado, inicialmente en el antiguo Zoológico Matecaña y después en Ukumarí.
El director general de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (Carder), Julio César Gómez, quien es una de las personas que más conocen de la vida de Yoko, contó que no se sabe cómo el chimpancé fue adquirido por el narcotraficante. Lo claro, es que este decidió "criarlo" como un niño. Esa fue su primera experiencia de maltrato.
Los chimpancés son los parientes vivos más cercanos al ser humano. Su rama evolutiva se separó de la rama de los humanos hace aproximadamente siete millones de años y comparten el 98 por ciento del ADN con ellos. Yoko aprendió a usar pañal, a comer con cubiertos, a beber de un biberón y a tomar café en pocillo. Sin embargo, siempre tenía una cadena alrededor de su cuello para agarrarlo por si intentaba escapar.
En sus primeros años de vida, Yoko tuvo un "hermano humano", un niño con quien compartía buena parte de su tiempo. Incluso, lo vestían igual que el infante y, en algunas ocasiones, lo acompañaba al colegio.
Yoko también aprendió a colorear y aún lo hace en su hábitat del bioparque, con el acompañante de su cuidador.
Uno de los animales que más les gusta a los narcotraficantes es el caballo. Pues el narco que tuvo a Yoko, le enseñó a montar a caballo y en las cabalgatas era la atracción porque lo vestían para la ocasión y hasta sombrero le ponían. El narco también le enseñó a fumar.
Yoko aprendió a usar pañal, a comer con cubiertos, a beber de un biberón y a tomar café en pocillo.
Raúl Murillo, gerente de Ukumarí, dijo que hasta hace unas semanas Yoko tuvo el TV en su hábitat, pero no se lo volvieron a prender para irle cambiando ese comportamiento.
Yoko disfrutaba de determinados programas, en especial, de los dibujos animados.
El director de la Carder contó que por razones desconocidas, Yoko fue a parar a un circo a Venezuela, en el cual estuvo durante varios años hasta que fue rescatado por las autoridades colombianas. Luego, lo dejaron en el zoológico Matecaña y después fue trasladado a Ukumarí.
Yoko, el único chimpancé macho en cautiverio en Colombia, aprendió a colorear en sus primeros años de vida. Antes de que acabe este año será trasladado a un santuario de simios en Brasil. pic.twitter.com/We03mtnGCU
— Fernando Umaña Mejía (@ferumapress) November 14, 2024'Esperamos que se adapte'
Aunque los separaba una malla, Yoko compartía el hábitat en Ukumarí con otros dos chimpancés, Pancho y Chita. Sin embargo, en agosto de 2023, después de que escaparon en extrañas circunstancias, estos simios fueron sacrificados y Yoko quedó solo.
El traslado de Yoko al Santuario de Sorocaba se hará bajo el esquema de la operación Arca de Noé, la misma que se desarrolló para trasladar los animales del antiguo Zoológico Matecaña al Bioparque Ukumarí, en el 2016.
Según Murillo y Gómez, el Santuario de Sorocaba, que se fundó en el 2000 y tiene 250 animales, entre ellos 45 primates, tiene las condiciones para que Yoko se adapte ya que sus condiciones permite mejorar la condición física y mental de los simios. Murillo dijo que esperan que Yoko muestre cambios de comportamiento positivos en poco tiempo.
REDACCIÓN ÚLTIMAS NOTICIAS