Cortar la corona de hojas largas y duras de una piña de color amarillo brillante, cultivada en uno de los predios de Puerto Rico, Meta, provoca una sonrisa en Jeison Sneyder Patiño Cabezas, un guaviarense de 34 años que apostó por la paz tras haber sido miembro de las extintas Farc durante 16 años. Hoy, celebra una de sus grandes metas: tener tierra propia donde cultivar. Sin embargo, no olvida su pasado, y es a través de su relato que permite comprender el largo y difícil camino que ha recorrido como firmante de paz, un trayecto que lo ha obligado a empezar de cero en varias ocasiones debido a los retos que ha tenido que enfrentar.
Semanas antes de firmar el Acuerdo de Paz de 2016, mientras recorría los Llanos del Yarí y soñaba con un país sin guerra, Jeison pisó una mina antipersonal que le causó la pérdida de su pie izquierdo. El impacto emocional fue profundo y cayó en una depresión que lo hizo dudar de cómo podría abrazar su nueva vida.
Su proceso de reincorporación comenzó en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) de Colinas, Guaviare, aunque su tiempo allí fue corto. “Me sentía muy mal, no podía avanzar como los demás compañeros en proyectos productivos. Por eso me fui para Bogotá a pedir ayuda a los líderes que en ese momento estaban conformando el Partido Comunes”. “Me dijeron que, para recibir una prótesis debía viajar a Nariño, donde un médico que apoyaba a los firmantes de paz con discapacidad”, relató Jeison Sneyder Patiño.
Jeison Sneyder Patiño Cabezas, firmante del acuerdo de paz. Foto:ARCHIVO PARTICULAR
Y así lo hizo: se trasladó al ETCR La Variante en Tumaco, Nariño, donde permaneció ocho meses, hasta que tuvo que salir del territorio junto a unos 40 firmantes de paz debido a problemas de seguridad. A pesar de esta situación desafortunada, había logrado su objetivo: conseguir una prótesis, cuyo costo en el mercado era aproximadamente de 20 millones de pesos.
Jeison continuó su camino, esta vez hacia el departamento que había recorrido de punta a punta durante su tiempo en el bloque oriental de las Farc: el Meta. “Llegamos a Uribe, Meta, y duramos tres años y medio implementando un proyecto de ganadería doble propósito. Soñábamos con tener tierra propia, pero tuvimos que desplazarnos nuevamente, debido a problemas de seguridad en el lugar en el que estábamos”, explicó.
San Martín, Meta, fue el otro municipio que lo recibió para continuar con su proceso de reincorporación; sin embargo, también tuvo que salir por amenazas.
Hoy vive en Villavicencio después de haber estado en cinco municipios de Guaviare, Nariño y Meta. Forma parte de los cerca de 1.280 firmantes de paz del Meta que viven fuera de los ETCR y que, a pesar de los retos y desafíos, siguen perseverando en el camino hacia la paz.
Entrega de tierras
Junto a 60 firmantes de paz, Jeison Sneyder Patiño Cabezas creó la Asociación de Productores Agropecuarios del Oriente (ASPRO-ORIMETA), con el sueño de iniciar un proceso de reincorporación sostenible, apostando por una vida colectiva, basada en intereses comunes, trabajo con comunidades locales y en cohesión con el Acuerdo de Paz.
“Desde que estábamos en Tumaco, siempre hemos buscado la tierra. Nos quedamos con lecciones aprendidas de tantos desplazamientos. Una de ellas es que apostar por proyectos sin tierra fue un error. Siempre avanzábamos mucho en un predio, pero por temas de seguridad, teníamos que salir corriendo’’, afirmó una de las asociadas de ASPRO-ORIMETA, quien prefirió mantener su nombre en reserva.
Jeison Patiño y otros 60 firmantes crearon la Asociación de Productores Agropecuarios del Oriente. Foto:ARCHIVO PARTICULAR
Por su parte, Jeison expresa que se encuentra en el mejor momento de su vida, ya que, desde hace seis meses, celebra uno de sus más grandes logros en todo su proceso de reincorporación: la asignación, a ASPRO-ORIMETA, de 980 hectáreas de tierra fértil en el municipio de Puerto Rico, Meta, otorgada por la Agencia Nacional de Tierras.
El predio fue entregado el 24 de julio del año pasado y, desde entonces, la asociación le ha apostado al cultivo de piña y sandía, frutas que venden en varios municipios del Meta, donde se han entregado unas 3,561 hectáreas de tierra a firmantes de paz. “Tuvimos mucha suerte, porque al llegar el predio ya tenía siembra de piñas, así que le dimos continuidad”, comenta Jeison. “También tenemos unas cabezas de ganado que quedaron del proyecto de ganadería que veníamos ejecutando en los otros lugares; de aquí sale leche y queso, que se venden en el casco urbano del municipio”, añade Jeison, quién estudia Zootecnia en la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (Unad).
En estos momentos, ASPRO-ORIMETA está a la espera de la formalización de la tierra como propiedad colectiva y, posteriormente, de la división del predio por parte de la ANT. Esta propiedad, que estaba en manos de la Sociedad de Activos Especiales (SAE), está siendo aprovechada por los firmantes de paz, quienes esperan contar, en el futuro cercano, con viviendas en este terreno.
Firmantes de la cooperativa ASPRO-ORIMETA lideran proyecto de cultivo y producción de piña y sandía. Foto:ARCHIVO PARTICULAR
Según el más reciente informe del Secretario General de la ONU sobre la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia, como ASPRO-ORIMETA, 32 cooperativas de firmantes de paz ubicadas fuera de los ETCR han recibido 48 predios para fines productivos.
A pesar de ello, los firmantes de paz manifiestan su preocupación por la lentitud del proceso de adquisición de tierras. La Agencia Nacional de Tierras aún está examinando 611 solicitudes” agrega el Informe. Dentro de los ETCR, se ha formalizado la propiedad de la tierra de 14 de los 24 espacios territoriales existentes.
Además, aproximadamente el 80 % de los firmantes del Acuerdo de Paz acreditados (incluidas 2.844 mujeres) participaban en más de 6.000 proyectos individuales y colectivos en el país, según el Informe.
Firme con la Paz
Por ahora, Jeison y los asociados de la cooperativa esperan no tener que enfrentar más problemas de seguridad en Puerto Rico, que es municipio PDET y en el que se conformó, justo después de la entrega de la tierra, el comité de Reforma Agraria. “Esto facilitó nuestra llegada al territorio, ya que nos presentamos ante organizaciones campesinas, de mujeres, jóvenes, comunidades étnicas y otros actores clave, para decirles que llegamos a contribuir al impulso de la reforma rural en el municipio”, destacó la asociada y compañera de trabajo de Jeison.
En total son 980 hectáreas de tierra fértil en el municipio de Puerto Rico, Meta. Foto:ARCHIVO PARTICULAR
“Quiero seguir apostándole a la paz, anhelo un país mejor para mi familia, para mí y para los compatriotas. Pese a los problemas de seguridad y de estigmatización que he enfrentado, y de haber empezado desde cero cinco veces, aquí estoy y estaré firme”, afirma Jeison.
Jeison Sneyder ha luchado durante ocho años para encontrar su camino y finalmente lo logró. Este predio le ha brindado esperanza para seguir adelante, y asegura que las personas con discapacidad, como él, enfrentan mayores dificultades para ser contratadas en empleos formales. Por eso, el predio que les otorgaron llamado El Remanso, le proporciona, tal como su nombre lo indica, tranquilidad y sosiego para mantenerse firme en su compromiso con la paz.
*Katherine Arias, oficial de Comunicación Estratégica de la Oficina Regional de Villavicencio Misión de Verificación de la ONU en Colombia.