Hay partidos en los que no solo sirve con correr y sudar y aguantar, hay partidos en los que no solo sirve una buena estrategia y una buena resistencia, hay partidos, como cuando se enfrenta a Brasil, en los que nada de eso es suficiente, ni siquiera rezar, porque en un abrir y cerrar de ojos, en un instante de letargo, y aunque el reloj ya parezca agotado de tanto andar, todo se puede ir al abismo de las derrotas más dolorosas, como la que sufrió Colombia este jueves en la eliminatoria al Mundial, 2-1.
Cuando el rival es Brasil no hay permiso para titubear, el que se duerme, pierde, y Colombia durmió dos veces y perdió cuando ya parecía que el empate era un valioso premio.
El primer error fue muy temprano, porque toda la defensa de Colombia arrancó el partido como con un profundo ronquido, eso pareció cuando Brasil puso a prueba la velocidad de Vinicius que encaró hacia el arco, Daniel Muñoz fue el único que se percató del peligro, yo voy, yo voy, y se lanzó como un Rambo del área y cuando cazó a su rival no lo desarmó por las buenas sino por las malas, fue falta clara, penalti, y en Colombia no protestaban la decisión arbitral sino la falta de reacción que habían tenido, esperaban que Raphinha tuviera piedad, que dejara los goles para más adelante, que era muy temprano, apenas 5 minutos, pero Raphinha no conoce clemencia, pateó como si fuera un fusilamiento de rutina, y 1-0.
Colombia ni siquiera había mostrado sus armas, James no había inventado nada porque ni había tocado la pelota, Díaz no había empezado ni a sudar, Córdoba no había tenido ni el primer choque, y el partido ya se perdía. Quedaba mucho tiempo para reaccionar o para derrumbarse del todo. El problema es que el de enfrente era Brasil, y eso es como jugar con fuego. Colombia corrió los riesgos de quemarse, pero se topó con un equipo brasileño que no mostraba grietas hasta ese momento y que además era demoledor en sus ataques, como cuando Rodrygo lanzó un remate cruzado que hizo temblar a toda la defensa.
En la primera parte Brasil solo había sufrido una vez: cuando perdió por lesión a Gerson. De resto, su partido era tranquilo. Porque Colombia era un equipo desarreglado, con una defensa confundida y un ataque inofensivo. Córdoba libraba batallas de cuadrilátero sin intimidar a nadie, Muñoz seguía en guerra y casi se gana una amarilla por golpear al arquero Alisson, James intentaba poner orden, calmar las aguas de su equipo, pero Colombia no tenía ni olas, era un equipo ahogado en un mar de tiburones amarillos.
Hasta que ese mismo James hizo su pausa letal, esa que hace detener hasta el universo, vio con su mirada periférica a Díaz y le puso la pelota como quien entrega un mensaje: ¡hágalo!, y Díaz, que cuando entra al área no lo hace con rodeos, la atrapó con su pierna derecha, la escondió, hizo un amague para acomodarla, y con esa misma pierna soltó la descarga, pólvora seca, sonido de petardo, ¡pum!, y adentro: 1-1. 41 minutos.
En el segundo tiempo Colombia no iba a cometer el mismo error, eso prometían, eso parecía, ya era un equipo despierto y de cara lavada. Por eso cuando Vinícius fue a repetir la historia, Camilo Vargas salió a su encuentro y atajó un doble remate, antes de que Dávinson Sánchez desarmara oportunamente a su peligroso rival.
El ataque colombiano también estaba renovado y el gol del triunfo casi llega, o llegó pero de mentiras, porque el árbitro sancionó una previa falta contra el arquero.
Al minuto 71 hubo alarma cuando Dávinson Sanchez sufrió un cabeza a cabeza con Alisson y quedó tendido en el piso. Sánchez y Alisson se fueron por precaución, mareados. El partido siguió en su recta final y Brasil aceleró y buscó la victoria por todos sus medios, con su necesidad, con su presión, Colombia resistía, no podía volver a parpadear, pero cuando el reloj ya marcaba el minuto 99, volvió a aparecer Vinícius con su remate inatajable y puso el 2-1. Colombia se ilusionó con un empate, lo luchó, lo defendió con garras, pero cuando se juega contra Brasil, nada es suficiente.
PABLO ROMERO
Redactor de DEPORTES
@PabloRomeroET