La semana pasada el CEO de YouTube, Neal Mohan, publicó en el blog de la plataforma una nota titulada ‘Nuestras grandes apuestas para 2025’. En el artículo el ejecutivo enlista cuatro grandes hitos que marcan la actualidad y futuro del que es hoy el ecosistema de video estándar de internet. Todos ellos dejan en claro una cosa: no hay medio de comunicación mayor en aprendizaje, entretenimiento y pedagógico que YouTube.
En los Estados Unidos, los televisores se convirtieron en el principal dispositivo para ver YouTube durante 2024, por encima de los celulares. El otrora trono de la televisión tradicional tiene un nuevo emperador, y no son los canales de siempre. Las reproducciones de contenidos de noticias, salud, educación, deportes y entretenimiento se cuentan por miles de millones.
Son mil millones de horas diarias de video en YouTube las que se surten a través de televisores en ese país. Mil millones de horas de consumo de un formato que no es el de la TV tradicional. Tampoco la publicidad.
En ese escenario, los creadores de contenido, los youtubers, son las nuevas estrellas. La gente confía en sus contenidos, se hace fiel seguidora de sus canales, de sus videos, los siguen y les ayudan a monetizar por miles de dólares con sus reproducciones diarias.
Y en Colombia la situación no es distinta: hay 25 millones de usuarios registrados mayores de 18 años, según Kantar. De ellos, el 81 por ciento considera confiable lo que encuentra en la plataforma.
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En honor de la verdad, se debe destacar el esfuerzo que YouTube hace por mantenerse en esa línea como un ecosistema de contenidos confiable, seguro y útil, habilitando alianzas con instituciones científicas, médicas y educativas.
También eliminando contenidos maliciosos, nocivos y que apelen a la desinformación.
Esta realidad, no obstante, nos pone ante discusiones muy interesantes. El consumo vigoroso de YouTube y otras plataformas digitales (Netflix, Disney, Spotify, etc.), así como de redes sociales, eleva el consumo y costos de las redes de telecomunicaciones.
Aparece allí el término fair share, en el que sin duda reguladores y legisladores deben reparar pronto. ¿Cómo se explica que mientras la facturación promedio por usuario de unos sube y crece, la de los otros (que ponen las inversiones para las redes) al contrario desciende año con año?
El sector de telecomunicaciones está en crisis, y una forma de ayudarlo es nivelando estas cargas. Y ni hablar de las regulatorias: mientras medios de comunicación y operadores de telecomunicaciones deben cumplir con una amplia gama de obligaciones, impuestos, cargas financieras, cuotas de pantalla, calidad y responsabilidad de contenidos, las grandes plataformas digitales no lloran, solo facturan. Y por fuera de Colombia.
La realidad de la transformación digital no se puede ni negar ni criticar. Pero sí considerar a la hora de cambiar la política pública y regulatoria de los medios y las telecomunicaciones. En eso está hoy el resto del planeta.
JOSÉ CARLOS GARCÍA R.
Editor Multimedia
@JoseCarlosTecno