La cultura japonesa ha ejercido una innegable atracción en Occidente aunque tan solo conocemos superficialmente su cosmología, su filosofía y sus originales manifestaciones artísticas.
Admiramos su pintura, su literatura y sus fascinantes formas de refinamiento casi imposibles en una sociedad, simultáneamente, tan signada por la crueldad y la violencia. Estas misteriosas contradicciones están presentes en la última obra de la novelista Hiromi Kawakami, 'El tercer amor'. Narrada por una mujer en la treintena del Japón contemporáneo, termina siendo una muy completa y singular crónica de las diferentes maneras en que se ha vivido el amor a través de varios períodos de la riquísima historia de este país. Es un gran tratado sobre el Amor -en mayúscula- porque, como sucede con las obras que dan en el blanco, ilumina más allá de los casos concretos que relata.
La narradora se decepciona rápidamente de su matrimonio -tal como lo había predicho su madre- y por un afortunado azar se reencuentra con un personaje que había conocido en su época escolar y cuya sabiduría le permite acceder a través del sueño a dos períodos esenciales de la historia de Japón, antes de su apertura al mundo exterior: el período Edo y el Heian. Las descripciones son envolventes y sutiles, muy vívidas en la recreación de las costumbres y las gentes de épocas tan lejanas y hasta oscuras.
La protagonista, transportada por esta especie de inmersión onírica, relata los detalles de las normas de la vida en pareja, el erotismo y el sexo, la situación de las mujeres, la vida familiar y la crianza de los hijos. Este recurso de lo onírico, que podría parecer débil desde el punto de vista literario, funciona de manera verosímil y afortunada ya que sirve como herramienta para hacer comparaciones muy pertinentes entre las limitaciones y las libertades en la vida amorosa de las diferentes épocas.
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Las preguntas que se hace la narradora sobre temas como la monogamia o los celos permiten hacer un balance comparativo, en particular, el de la situación de las mujeres en las diversas épocas. Y no es muy alentador. Mientras en el período Edo la movilidad social era totalmente restringida, el ejercicio de la vida sexual era en muchos aspectos más gratificante. Durante el período Heian la compartimentación entre hombres y mujeres era insalvable; sin embargo, las mujeres lograban construir un mundo propio a través de las artes y la literatura. Actualmente, una mujer tiene grandes barreras para entrar al mundo laboral y el matrimonio, cuando es fallido, tiene grandes consecuencias tanto para su independencia económica como para su salud emocional, por supuesto.
Otro tema que atraviesa todo el libro es el de la libertad (o precisamente su ausencia) en el ejercicio del amor. Hoy, aparentemente, hemos conquistado mayores libertades. Pero, en este espinoso tema del amor, las luces y las sombras son constantes: “un nuevo patrón en los enlaces entre hombres y mujeres entraña también sus propias trampas y dificultades. La libertad empuja a la discrecionalidad en muchos sentidos”.
En fin, este hermoso recorrido por las normas estéticas y morales de esta cultura nos deja un sabor melancólico, que podría resumirse en el título de la gran obra del nobel Kawabata, 'Lo bello y lo triste'.
Por Consuelo Gaitán
Exdirectora de la Biblioteca Nacional y propietaria de Ficciones Bar de Libros