Las mujeres de San Jacinto están tejiendo un futuro de productividad y paz

hace 2 días 16

A la sombra de un sol obstinado que parecía haber sido forjado en la fragua del mediodía, 220 mujeres de San Jacinto se congregaron en la plaza principal, con el rumor de la esperanza zumbando entre ellas como un enjambre de abejas. 

Venían de todos los rincones del municipio, con las manos curtidas por el hilo de las mochilas, por la tierra de los cultivos, por el filo de las tijeras y el fuego de los fogones.

Pero este día de abril, bajo la canícula del Caribe colombiano, sus manos no traían solo el rastro del esfuerzo, sino también la promesa de un nuevo comienzo.

Estas mujeres, la mayoría llegadas desde alejadas zonas rurales, recibieron unidades productivas (máquinas de coser) y capital semilla para potencializar sus negocios

Mujeres de los San Jacinto y proyectos productivos

Mujeres de los San Jacinto y proyectos productivos Foto:Archivo particular

Se trata de sobrevivientes del conflicto armado y quienes ejercen labores en la elaboración de artesanías, confección, cocina y sector agropecuario. Ellas se capacitaron durante 4 meses con el fin de mejorar la competitividad y rentabilidad de sus negocios.

La alcaldesa, Merly Viana Pérez, se presentó en el evento con la solemnidad de quien no solo entrega herramientas, sino también destinos. Frente a ella, mujeres sobrevivientes de una guerra que nunca armaron, que habían perdidos hijos, padres y esposos entre el miedo y la incertidumbre, pero que nunca dejaron de hilar sus sueños.

 “Lo que era un proyecto hoy es una realidad”, proclamó la mandataria local, y su voz se quedó en los Montes de María.

Mujeres de San Jacinto con sus máquinas

Mujeres de San Jacinto con sus máquinas Foto:Archivo particular

Entre la multitud estaba Doris Mejía, que desde los catorce años aprendió a coser con su abuela y hoy sostiene su hogar con el viejo oficio del costurero. Al recibir su máquina de coser, la sostuvo como si fuese un tesoro recién rescatado del naufragio.

“Primera vez que salgo favorecida en un proyecto como este”, dijo con el corazón latiéndole en las palabras.

Las unidades productivas eran más que simples herramientas: eran la metáfora tangible de una resurrección. Hubo máquinas de coser para las modistas, hilos de colores para las tejedoras de hamacas, cuchillos afilados y ollas humeantes para las cocineras, y guadañadoras y palas para las agricultoras que horadan la tierra con la paciencia de quien busca oro en los ríos.

Durante cuatro meses, estas mujeres no solo aprendieron a gestionar negocios, sino también a creer en el milagro de la autosuficiencia. Supieron de planes de negocios, de costos y márgenes de ganancia, pero sobre todo aprendieron que la prosperidad no es un regalo caído del cielo, sino una artesanía que se construye día a día.

El pueblo, que había visto tantos hombres partir con sus mochilas al hombro y el miedo en la mirada, hoy contemplaba cómo sus mujeres se quedaban para construir, para florecer, para demostrar que la resistencia también se borda con paciencia y dignidad.

Esa tarde, San Jacinto fue un telar donde cada hilo, cada puntada y cada hebra significaban una historia de lucha y un porvenir cosido con hilos de esperanza.

Además, te invitamos a ver nuestro documental 'Explotación sexual en Cartagena: Voces Silenciadas'

‘Explotación sexual en Cartagena, Voces silenciadas’, es un documental de la periodista Jineth Bedoya que retrata la realidad de centenares de niñas y mujeres, que caen en las redes de las mafias para ser explotadas y vendidas, pero también el esfuerzo indeclinable de organizaciones y autoridades civiles y policiales, para enfrentar a este monstruo de siete cabezas.

Documental de la periodista Jineth Bedoya. Foto:

Cartagena 

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