Fenalco: ‘Extranjeros no quieren invertir acá y colombianos quieren hacerlo por fuera’

hace 1 semana 19

El presidente de Fenalco, Jaime Alberto Cabal, dice que aunque cree que la reforma laboral de este gobierno quedó definitivamente enterrada, habrá que pensar en el próximo en una reforma correctamente dirigida a crear empleo y no a destruirlo.

Doctor Cabal, su gremio es especialmente sensible porque agrupa pequeñas y medianas empresas del país. ¿Me equivoco?

Es correcto.

Pues esas empresas, que contratan tres empleados, hasta diez o veinte, digamos, en un rango así, se habrían visto terriblemente afectadas con esa reforma laboral que se hundió en el Congreso. ¿Usted, cuando oyó la noticia, sintió alivio o cree que la amenaza sigue?

Pues la verdad, sentimos un fresco, pero no celebramos porque el país va muy mal en todos sus frentes. Por lo menos ocho senadores, responsables y valientes, establecieron que esta reforma era nefasta para el país por las razones que ya conocemos de sobra. Y claro que el clúster del comercio iba a ser el sector más perjudicado porque somos, como decimos nosotros, los que trabajamos de noche, dominicales y festivos, donde el incremento de los costos laborales, según el tamaño de la empresa, estaría entre el 12 y el 30 por ciento.

Probablemente la empresa no podría cargar con ellos. O, finalmente, le trasladaría el incremento de costos al consumidor…

Se vuelve inflacionario. Pero Petro, el ministro del Trabajo, la bancada del Pacto Histórico trataron de vender un discurso ideológico, sesgado, trasnochado, de que los empresarios eran los que habían hundido la reforma, cuando el 98 por ciento de las empresas en Colombia son micro, pequeñas y medianas; por ejemplo, panaderías, tiendas de barrio, peluquerías, igualmente cafeterías de barrio, alojamientos, restaurantes, bares, empresas de transporte, de logística, empresas de vigilancia y seguridad privada. Es un sector donde está la clase media y baja el país que hace empresa y que, al no aguantar la carga laboral, pues obviamente terminaría despidiendo a muchos de sus empleados o no contratando en dominicales y festivos. Muchos, por ejemplo, con los que hablamos, pensaban hacer procesos de automatización. Entonces, la destrucción de empleo iba a ser increíble.

El ministro del Trabajo dijo que Fenalco era el enemigo número uno de esa reforma…

Le contesté que me sentía orgulloso de ese piropo porque fue para defender el trabajo de miles de colombianos.

Desde el principio se dijo que esta reforma no construía empleo, sino que lo destruía. Ahí están los estudios del Banco de la República y de Fedesarrollo que lo demuestran…

La propia exministra Gloria Inés Ramírez reconoció públicamente que esta reforma no estaba orientada generar empleo ni a combatir la informalidad, que es para lo que se hace una reforma. Pero esta iba a terminar en pan de hoy y hambre de mañana. Claro, ¿qué trabajador no se ilusiona con que va a ganar más domingos y festivos, o con que la jornada termine dos horas antes o con que le incrementen el pago de horas extras? Cualquiera. Lo que no se dan cuenta es que si este aumento del costo del trabajo formal no es resistible para las empresas, muchos terminarían perdiendo su empleo. Esta reforma, desde el comienzo, nació torcida, de contenido, pero también de forma, porque nunca se cumplió el trámite constitucional de hacerla concertada. Curiosamente, la bancada del Pacto Histórico y ahora el ministro Sanguino han querido engañar a la opinión pública diciendo que sí se concertó, porque se habló con unos y con otros. Yo le recordé al ministro que la palabra concertar es distinta a opinar o dialogar. La concertación es un acuerdo entre las partes que dialogan, y eso nunca pasó.

Pero ya que menciona al ministro Sanguino, me llamó mucho la atención que en alguna entrevista dijo que la protesta no había sido idea del Presidente, sino de las centrales obreras... ¿Entonces finalmente la responsabilidad de la marcha no fue del Presidente, sino de los que salieron a marchar?

No solamente la convocó, sino para que le saliera la gente a la calle decretó día cívico. Es que todo fue concatenado: el mismo día en se debatía el hundimiento de la reforma se convocaban las marchas y se declaraba día cívico. Fue una presión indebida al Congreso, un irrespeto a la separación de poderes y a la institucionalidad del país.

Así fue la jornada de marchas convocadas por Petro en Bogotá.

Las marchas convocadas por el Presidente se realizaron el 18 de marzo. Foto:Sergio Acero Yate / El Tiempo.

¿Cree que la marcha le salió bien al Gobierno?

Voy a aprovechar para decirlo: finalmente, según los analistas, esta marcha fue un fracaso, porque estuvo prefabricada; sacaron a los empleados públicos a marchar con el día cívico; invitaron a los contratistas de las entidades públicas a marchar, también se supo; trajeron en buses y camiones a la minga, a campesinos, y utilizaron a los muchachos del Sena, que ni siquiera sabían por qué estaban marchando. Esa marcha fue un fracaso, no fue espontánea y si esa tendencia se mantiene, la consulta popular de Petro será un fracaso.

¿Hay alguna manera de calcular cuánto le metió el Gobierno al traslado de esas masas para que vinieran a copar la plaza de Bolívar? Y si digo copar, exagero, porque había una parte importante tomada por la tarima del Presidente y de sus áulicos y los bordes de la plaza estaban recortados con vallas. Aunque gente sí hubo. ¿Hay alguna manera de saber cuánto le costó eso al Estado?

Es muy difícil porque esa información obviamente no la maneja uno. Sí es cierto que todas esas marchas siempre salen muy costosas y las pagamos de nuestro bolsillo los colombianos, con nuestros impuestos. Y eso mismo va a pasar con la consulta popular, que sí sabemos cuánto costará: alrededor de 500.000 millones, incluso un poco más. Eso, tristemente, cuando Colombia vive el peor déficit fiscal en 21 años; y cuando, como lo acabamos de ver en las cifras, el sector que más jalona el crecimiento del PIB es la administración pública, porque se está gastando a manos llenas, incrementando la burocracia.

La salida del último ministro de Hacienda habla más bien que mal de él, porque se debió a que le dijo al Gobierno que es urgente disminuir el gasto. Pero eso no es lo que el Presidente quiere oír ni aplicar…

Y le manifestó su preocupación de que ya se está rompiendo la regla fiscal, lo cual es muy peligroso para el país. Ya sabemos cuáles fueron las consecuencias, con las calificadoras de riesgo.

¿Y eso no le preocupará al Presidente? Él está en lo de las mariposas amarillas…

Pues ya hemos visto que desde que empezó el gobierno, Petro no ha gobernado. Siguió en campaña y terminará en campaña. Lamentablemente, estamos en una patria boba donde el Presidente nos ha metido en una división, en una lucha de clases, en un estilo de insultos cotidianos, de confrontación, que lamentablemente es muy malo para el país y que tiene espantada a la inversión extranjera directa, que el año pasado cayó el 7,6 por ciento y que este año, en enero, ya iba en el 34,4 por ciento.

Y ni hablar de la desconfianza interna…

Pues según el Banco de la República, los colombianos cada vez están invirtiendo más afuera. Las cifras son muy preocupantes. Dicen que entre el 2023 y el 2025 se ha multiplicado por cuatro el flujo de capitales de los colombianos invertidos afuera. Entonces estamos en el peor de los dos mundos: ni los extranjeros quieren venir a invertir en Colombia y los colombianos quieren salir a invertir afuera.

Una situación delicada...

Me hacía una pregunta al inicio: que si había sentido algún tipo de alivio con la caída de la reforma laboral o si quedaba preocupado de que esto no va a parar acá. Pues es cierto lo segundo. Este gobierno es muy mal perdedor. El Congreso es bueno cuando le saca sus reformas y salen a tomarse la foto, pero es malo cuando es adverso a sus intereses. Además, insulta, no respeta las decisiones, les dicen tiranos, dictadores, corruptos y los acusan de bloqueo institucional. Y entonces, como mal perdedor, usarán los siguientes instrumentos, como ya lo dijo el ministro: sacarán nueve decretos de reforma laboral. ¿Si se pueden sacar, por qué no lo hicieron desde el comienzo? Dos, van a apelar la decisión de la Comisión Séptima en la plenaria. Y como si fuera poco, pues quieren irse a consulta popular, para una reforma que no tiene ni pies ni cabeza. Igual que la de la salud… Entonces, el camino todavía es largo y culebrero, pero yo creo que hoy los colombianos son más conscientes de que el irrespeto por nosotros mismos y por las instituciones y la democracia cada día es mayor y eso nos va a tocar hasta el último día asumirlo.

Esa marcha fue un fracaso, no fue espontánea y si esa tendencia se mantiene, la consulta popular de Petro será un fracaso.

Jaime Alberto CabalPresidente de Fenalco

Pienso que si el Presidente tiene que llenar la plaza de Bolívar trayendo indígenas de todas partes del país, significa que en Bogotá, capital que ayudó a elegirlo, ya no cuenta con el apoyo que tuvo. La pregunta es si logrará el umbral en esa consulta popular, además de gastarse esa plata, que hace falta. Pero hay otro factor: necesitamos en este momento trabajo, producción y crecimiento, en lugar de estar proponiendo reducción de jornadas laborales…

Y haciendo lo que han hecho países con menor índice de empleo: modernizando la legislación, creando facilidades para que la gente trabaje, flexibilizando la forma de contratar, remunerando por horas, por semanas, con todas las prestaciones, pero dándole acceso a esa población de jóvenes que hoy tienen emprendimientos, negocios de tecnología. Esta reforma laboral nos devolvía a los años sesenta, es retrógrada, quería era fortalecer los espacios sindicales. Ya no en este gobierno, pero aquí se abre paso a la necesidad de una verdadera reforma laboral incluyente que genere empleo, que combata la informalidad y que modernice nuestra legislación, que es arcaica.

Pero usted cree en definitiva que sus afiliados, y hablemos concretamente de las pymes, ¿están aliviadas y optimistas? Porque muchas tuvieron la quiebra en sus narices…

La verdad, estaban “paniquiados”. Le voy a dar el ejemplo con nombre propio: don Germán Gutiérrez, panadero de Puente Aranda, fue el primer empresario que se acercó a Fenalco a comentar su enorme preocupación por lo que iba a pasar. Le echó números al proyecto de reforma y él decía: ‘mire, tengo tres empleados, pero los fines de semana, especialmente los domingos y festivos, en las mañanas y en las noches, es cuando más se incrementan mis ventas y yo para eso tengo que contratar tres empleados adicionales. Ahora, si esta reforma pasa, no los contrato y de los que tengo, me va tocar sacar a uno…’. Entonces le pregunté: ¿y cómo va a atender la demanda? Respondió: ‘pues me va a tocar abrir más tarde y cerrar más temprano’. Y eso es lo que iba a pasar con la mayoría de las empresas.

Entonces, sí ha dormido mejor estos días, doctor Cabal…

(Sonriendo) Por ahora, María Isabel, porque como digo, las amenazas son tantas, de decretos, de apelaciones, de consultas populares; pero lo que es malo se cae por sí solo y creo que, definitivamente, este proyecto de reforma laboral está sepultado.

Una última pregunta. ¿Es cierto que la OIT dice que somos el país con la jornada laboral más larga del mundo?

No, eso no es cierto. Tampoco lo que con sesgo ideológico dijeron el Gobierno y la bancada del Pacto Histórico de que en Colombia el trabajo está precarizado. Colombia tiene uno de los índices de mayor carga laboral del mundo, es decir, aquí se pagan todas las prestaciones sociales y son costosísimas. Si hacemos la lista, sobre cualquier salario, el empleador termina pagando el 51 por ciento más en prestaciones, en acceso a salud, en pensiones, en contribuciones al Sena, al ICBF. Es decir, ese cuento de la precarización es un invento de la izquierda, que lamentablemente va haciendo mella, pero que no obedece a la realidad.

Para terminar, simplemente es matemática: si el empleo formal se encarece, pues obviamente se cierra la puerta al empleo informal y a los desempleados…

Y se abre más la de la informalidad, porque se terminan haciendo arreglos debajo de cuerda que muchas veces la gente acepta para tener trabajo y los empresarios para que puedan ahorrarse los nuevos costos.

MARÍA ISABEL RUEDA

Especial para EL TIEMPO

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