Análisis de Ricardo Ávila / Al otro lado del charco

hace 3 semanas 27

Después de entregar el pedido en una casa del noroeste de Madrid, Leonardo Rodríguez acepta contestar un par de preguntas. Cuenta que es venezolano y que llegó hace año y medio a la Península Ibérica sin más propósito que el de ganarse la vida y construir el futuro que su país no le garantiza.

“Ahora tengo papeles”, dice, por lo cual aspira a un trabajo mejor que el de recorrer las calles de la capital española en bicicleta, un oficio que se le ha hecho más duro ahora por cuenta de una seguidilla de días fríos y lluviosos. “Vamos pa’lante”, concluye sonriendo, justo cuando se para en los pedales y desaparece en la oscuridad de la noche.

Casos parecidos abundan en una nación cuya cara cambia a pasos acelerados por cuenta de los flujos migratorios. Hace un mes el Instituto Nacional de Estadística de España reportó que la población residente en el territorio había llegado a un máximo histórico de algo más de 49 millones de personas al comenzar 2025.

De ese total, 9,4 millones nacieron en el extranjero, lo que equivale a una participación del 19 por ciento. Hace diez años, la proporción era del 13 por ciento, con lo cual queda claro que ha tenido lugar una fuerte aceleración en tiempos recientes.

Son múltiples las nacionalidades responsables de semejante auge. Pero sin duda el protagonismo les corresponde a los latinoamericanos, cuyo peso en las cifras es creciente y se acerca a la mitad del total registrado.

Desde comienzos de la presente década, Colombia es el país que más aporta migrantes a la “madre patria”. Según el INE, solo en el cuarto trimestre de 2024 llegaron 43.400 oriundos del “país de la belleza”. En comparación, de Venezuela fueron 30.500, de Marruecos 27.700 y de Perú 18.800, entre otros.

Cuando se miran los acumulados, los marroquíes son cerca de 1,1 millones, mientras los colombianos pasaron de 900.000, el doble de 2019. Más atrás, y en su orden, están venezolanos, rumanos, ecuatorianos y argentinos.

Semejante flujo hace que el contraste con el pasado reciente sea notorio. Por ejemplo, al comenzar el siglo la cantidad de oriundos de América Latina que vivían en la Comunidad de Madrid apenas sí pasaba de los 80.000. Ahora, la cuenta va en más de un millón, es decir, uno de cada siete residentes de la capital y sus alrededores. Comportamientos similares se observan en Barcelona o Valencia y sus alrededores, otros dos destinos relevantes.

Para acceder a la exoneración de los exámenes de nacionalidad debe hacer el trámite bajo el modelo oficial.

España no exige a los colombianos visa para ingresar a su territorio. Foto:iStock

Nueva realidad

Detrás de esa evolución hay numerosos factores. Para comenzar, un acceso privilegiado por razones históricas que se traduce en un camino más rápido a la hora de obtener la nacionalidad: dos años de residencia para quienes provienen de las antiguas colonias frente a diez para los demás. Contar con un Documento Nacional de Identidad expedido por el Reino de España abre las puertas para trabajar en la Unión Europea, integrada por 27 países.

A lo anterior se agrega una política pública de apertura hacia el inmigrante latinoamericano. Figuras como el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se encuentran en orillas ideológicas distintas y no esconden su antipatía mutua. Sin embargo, cada uno saluda con frecuencia “a los españoles de ambos lados del Atlántico”.

En contraste con lo que ocurre en otras naciones de Europa que reciben migrantes con un bagaje distinto, tanto en términos de idioma como de costumbres o de religión, en el caso de los latinos la integración es más sencilla. Esa rápida asimilación permite incorporarse con velocidad al mercado laboral, sin desconocer que persisten barreras de entrada en diversos campos.

Por otra parte, aparece la solución a un problema que es el gran dolor de cabeza en muchas sociedades. Y es que la llegada de personas del hemisferio americano resulta clave para compensar la caída en la natalidad. El dato más reciente muestra que en 2023 nacieron en el Viejo Continente 3,7 millones de niños, casi la mitad que en 1964. En el caso español, el dato fue de 322.705 infantes.

Cuando se observan las tasas de fecundidad, la más baja en el bloque comunitario corresponde a la pequeña isla de Malta, seguida por España, con un promedio de 1,12 hijos por mujer. Dicho guarismo está lejos del nivel de 2,1 que es requisito para mantener constante el tamaño de una población.

Puesto de otra manera, de no llegar gente de afuera habría tenido lugar una contracción en la cantidad de habitantes. Basta señalar que la cantidad de defunciones superó en 111.000 individuos a los alumbramientos en 2023, de acuerdo con el Ministerio de Sanidad español.

Compensar el déficit se vuelve crucial, entre otras para hacer sostenible el estado de bienestar que incluye un volumen de pensionados en permanente aumento. Gracias a las contribuciones a la seguridad social que hoy realizan cerca de 22 millones trabajadores en España, las mesadas de los jubilados no están en riesgo.

Además, la oferta adecuada de mano de obra ha servido para superar cuellos de botella en oficios que demandan un mayor esfuerzo físico, como es el caso de los asociados a construcción, agricultura o distribución de mercancías, aparte del cuidado de personas mayores. También hay personal suficiente en áreas como la restauración o la hostelería, claves en un país que el año pasado recibió 94 millones de turistas.

Plaza cerrada frente a la iglesia de la Sagrada Familia en Barcelona durante un cierre nacional para prevenir la propagación del covid-19.

Plaza frente a la iglesia de la Sagrada Familia en Barcelona. Foto:Pau Barrena / AFP

Tales elementos sirven para entender por qué la economía española fue una de las de mostrar en 2024, con un crecimiento del 3,2 por ciento. Semejante dinamismo sirvió para que las nóminas alcanzaran un máximo histórico y, de paso, mantener el número de desempleados en su nivel más bajo desde 2008, al corte de febrero. Según el analista Rafael Doménech, “la inmigración ha pasado a ser motor de la creación de empleo”.

Sobra decir que las transformaciones derivadas de un flujo que sigue en aumento serán profundas en muchos aspectos. Por ejemplo, el diario El País viene de reportar que, en 2023, y solo para la Comunidad de Madrid, los matrimonios entre una mujer latinoamericana y un hombre español tuvieron un incremento de 47 por ciento frente a los registros de 2019. Familias con raíces a ambos lados del Atlántico apuntan a convertirse más en la norma que en la excepción.

Tales vínculos se traducirán en mayor movimiento de personas e inversiones. Desde hace tiempo los capitales provenientes de la Península Ibérica han hecho presencia en América Latina, pero cada vez es más notorio el tránsito en sentido inverso, tanto en la finca raíz como en la industria y los servicios.

Para la muestra, está el anuncio de esta semana, referente a la concreción de una alianza entre Procafecol y el Grupo Trinity, de origen colombiano. Esta llevará a la apertura de 140 tiendas Juan Valdez en España en los próximos siete años, convirtiéndose en la apuesta más ambiciosa de la marca en territorio europeo.

Clarel tiene proyectado cerrar el presente año con ventas cercanas a los 300 millones de euros, unos 324,8 millones de dólares.

Grupo Trinity, de colombia, es el dueño de las perfumerías Clarel y ahora expandirá las Juan valdez. Foto:El Tiempo / cortesía

También es probable que la marcha de la geopolítica lleve a que los lazos sean más estrechos. Las decisiones tomadas por la administración de Donald Trump son vistas en el Viejo Continente como la ruptura del esquema que surgió tras la Segunda Guerra Mundial, por lo cual es previsible un mayor acercamiento hacia Centro y Suramérica.

De ser así, Madrid se consolidará como la primera puerta de entrada a la región, por cuenta de sus conexiones aéreas y el tamaño de la diáspora. Los más entusiastas llegan a decir que la capital española es el nuevo Miami, capaz de atraer compradores y residentes latinoamericanos de alto poder adquisitivo, como lo confirman los acentos que se escuchan en la calle Serrano.

La mirada local

Pero, así como la migración cambia la cara de un sinnúmero de lugares que acogen a los que vienen de otras latitudes, en los países de origen las cosas también son diferentes. Eso lo confirma el ejemplo de Colombia, que ha registrado en años recientes el viaje sin regreso de muchos de sus ciudadanos, a un ritmo que no tiene antecedentes.

Según un reporte reciente del Cerac, con base en datos oficiales, en 2024 la salida neta de colombianos por vía aérea fue de 391.406 individuos. Si bien ese guarismo es inferior al de los dos años previos, supera con creces el promedio de la década pasada. En cifras gruesas, cerca de 1,3 millones de personas abandonaron el territorio nacional desde 2022, tres cuartas partes con edades entre 18 y 49 años.

La mayor población en el exterior, combinada con la dinámica de los mercados laborales en los sitios donde esta vive, se traduce en envíos de remesas crecientes. De acuerdo con el Banco de la República, el año pasado lo recibido ascendió a 11.848 millones de dólares, 17 por ciento más que en 2023.

Billetes de euro aglomerados.

Estados Unidos genera más de la mitad de las remesas que llegan a Colombia, España aporta el  15 %. Foto:iStock

Dicho monto equivale al 2,8 por ciento del producto interno bruto (en 2012 era el 1,1 por ciento) y al 12 por ciento de los ingresos corrientes externos. Hoy en día se contabilizan más de 2,1 millones de receptores de estas transferencias que ya representan el 3,9 por ciento del consumo de los hogares.

Por naciones de origen, Estados Unidos es fuente de más de la mitad de los giros, seguido por España con 15 por ciento. En términos geográficos, Norteamérica aporta el 54 por ciento; la zona euro, un 22 por ciento; y América Latina, un 17 por ciento adicional.

Curiosamente, el repunte de la población colombiana en España no ha incidido en forma significativa en las remesas que llegan desde la Península. Parte de la explicación es que los mecanismos de reunificación familiar son más expeditos que en aquellos sitios a donde solo viaja un adulto con el fin de sostener a los suyos desde lejos.

Saber si la tendencia observada continuará es imposible, más allá de que en enero pasado se superaron por primera vez los mil millones de dólares en montos de remesas recibidas para ese mes, lo que representó un salto del más del 10 por ciento. Dentro de las incógnitas están la política migratoria de mano dura impulsada por la Casa Blanca, que incluye deportaciones masivas.

Respecto a Europa, queda la duda sobre si el abuso de la figura del asilo llevará a restricciones para quien tenga determinado pasaporte. Ese fue el argumento aplicado por el Reino Unido a finales del año pasado, que llevó a reimponer la exigencia de una visa para los colombianos.

Dado el caso, es de imaginar que las naciones de la Península Ibérica resistirían algo en dicho sentido dentro del bloque comunitario. Pero no hay duda de que los vientos que soplan por el Viejo Continente aumentan la factibilidad de restricciones, sobre todo después de las elecciones del mes pasado en Alemania y lo que pueda llegar a suceder con Francia en 2027.

Mientras tanto, las cosas seguirán su curso. A la luz de la dinámica reciente, no sería raro que dentro de poco los nacidos en Colombia lleguen a ser la colectividad de mayor tamaño en España, por encima de los oriundos de Marruecos. Por su parte, los latinoamericanos superarán el nivel simbólico de los cinco millones, conformando un grupo a la vez diverso y poderoso.

Y eso sería mutuamente benéfico para unos y otros. Más que un fenómeno temporal, lo que se avizora es una realidad distinta en la cual no faltarán algunas tensiones, pero que se debería caracterizar por la abundancia de oportunidades. Si estas son aprovechadas, todos acabaremos ganando. Los de aquí y los de allá.

RICARDO ÁVILA PINTO

Especial para EL TIEMPO

En X: @ravilapinto

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