La vida de Thibaut da un giro de 180 grados cuando se entera de que fue adoptado. La noticia la descubre luego de que su hermana no saliera apta para hacerle un trasplante de médula tras ser diagnosticado con leucemia. En la búsqueda de respuestas, su mamá le confiesa que tiene un hermano biológico que vive en un pueblito al norte de París.
Thibaut se embarca en una aventura no solo para conseguir a su donante, sino para conocer a Jimmy y sus orígenes. En ese viaje, en el que su mundo privilegiado choca con la realidad humilde de Jimmy, los hermanos logran conectar a través de la música.
El primero es un reconocido director de orquesta que creció sin necesidades gracias a su familia adoptiva. El segundo trabaja en la cafetería de una escuela y toca el trombón en una banda del pueblo. Ambos son hijos de los mismos padres, con destinos tan distintos y con un lenguaje en común.
Detrás de Unidos por la música está el director Emmanuel Courcol (El triunfo, 2020). En esta entrevista cedida por Diaphana Distribution, Courcol habla sobre la premisa de la cinta, los papeles de Benjamin Lavernhe (Thibaut) y Pierre Lottin (Jimmy), y la música como puente.
'Unidos por la música' aborda varios temas a la vez. ¿Cuál fue la idea original de la película?
Abordo temas que me gustan y que ya he tratado en historias anteriores, como los lazos fraternales, el azar y el determinismo social, y los reúno en una sola historia. Mi punto de partida fue una idea que tuve hace mucho tiempo, mientras exploraba otra historia, ambientada en la ciudad de Tourcoing, en el mundo de las majorettes (bailarinas de las bandas de marcha). Fui allí a conocer a una banda y a su grupo de majorettes. Nadie sabía leer música, ni siquiera el director. Todo el repertorio estaba compuesto por piezas que él adaptaba de oído. Descomponía las partes por secciones, y los demás reproducían lo que habían escuchado. Ver a los integrantes de la banda, que eran personas de todas las edades, tan cálidamente unidos, me hizo comprender la importancia de la música y de la banda como vínculo social y emocional. Mientras observaba al director, me pregunté sobre cuál habría sido su destino si hubiera nacido en un entorno más privilegiado. Fue entonces cuando me vino a la mente la imagen de un gran director de orquesta descubriendo la existencia de un hermano que toca en una banda: un choque cultural, emocional, social y musical.
Cuéntenos cómo fue el proceso de escribir el guion junto a Irene Muscari.
Desde el principio, quise escribir con una guionista. Conocí a Irene mientras filmaba en El triunfo (2020). Ella trabajaba como coordinadora cultural en las cárceles del centro penitenciario de Meaux y me dio muy buenos consejos sobre el guion y la realización de la película. Cuando empezamos a hablar de mi próximo proyecto, fue ella quien tuvo la maravillosa idea del trasplante de médula ósea. Nunca había escrito un guion, pero su perspectiva me pareció indispensable, así que nos lanzamos. Tiene un ojo para los detalles excepcional. Yo aporté la formación técnica, el sentido de la estructura general y del diálogo, mientras que ella colaboró en la psicología de los personajes y la interacción humana.
Thibaut le enseña a Jimmy cómo dirigir la banda de marcha a la que pertenece. Foto:Diaphana Distribution
La película pasa por una comedia, una comedia social, e incluso un drama. ¿A qué género se le acerca más?
A mí me gusta reconciliar los opuestos y encontrar un equilibrio. ¿Drama o comedia? ¿Cine de autor o cine popular? ¿Música clásica o canciones populares? ¿Por qué elegir? Es un camino exigente, pero es lo que me apasiona. Es lo que impulsa mi deseo de escribir. Juegas con cosas muy delicadas y tienes que saber evitar el patetismo cuando aparece. Hay que ser conmovedor, esquivando la complacencia, y saber tomar la tangente en el momento oportuno para encontrar ese pequeño detalle que calma la situación y saca a relucir la emoción por sorpresa. Por ejemplo, tuvimos cuidado de no dejarnos llevar por una película que girara alrededor de la enfermedad. Aquí, es un detonante que se olvida rápidamente, dejando espacio para la relación entre los dos hermanos. Lo mismo ocurre con el aspecto social de la fábrica, porque aquí el centro es el encuentro musical y fraternal de dos mundos. Por otro lado, desconfío de las famosas ‘películas que te hacen sentir bien’, que son demasiado empalagosas. Si la película es tan conmovedora como espero, es gracias a la emoción y la humanidad de los personajes, que representan a personas que intentan hacerse un lugar, pese a que cargan grandes maletas. Este equilibrio se logra a través de la escritura, la actuación y el montaje.
¿Cómo mantuvo el espíritu musical de lo que quería lograr?
Abordamos registros musicales muy diferentes e intenté ser fiel a mis gustos, ofreciendo un panorama musical variado. Ya sea la música clásica que dirige Thibaut y que Jimmy descubre a través de él, o el jazz que comparten los dos. Escucho mucha música, e Irène también es una gran melómana. Sin embargo, contamos con la ayuda del compositor Michel Pétrossian.
Normalmente, la música se usa para perfeccionar la puesta en escena. Pero en este caso, es uno de los temas de la película... ¿Cómo se filmó?
Para la parte orquestal, la idea era alejarse de las simples secuencias de conciertos y llegar al corazón de la orquesta. Tenía que conseguir planos que no se logran cuando se asiste a un concierto. Quería que estuviéramos inmersos en Thibaut; quería filmar sus manos y sus expresiones. Con la banda fue más sencillo porque es menos formal, es un espectáculo en sí mismo, más caótico, más vivo también.
¿Hay música original?
Michel Pétrossian y yo intentamos incluir una banda sonora original, pero era demasiado.
¿Algún actor del reparto es músico?
Benjamin (Thibaut) tiene buen oído, es muy talentoso y musical, es baterista y guitarrista. Tiene un piano en casa y solo tuvo que trabajar en las piezas para crear la ilusión perfecta. En cuanto a la dirección, recibió formación durante varios meses por parte de Antoine Dutaillis, un joven y brillante director. Benjamin se esforzó por ser creíble, trabajando las partituras y los gestos con precisión. Dirigir una orquesta es como conducir un coche de Fórmula 1: no hay margen de error. En el set, durante los fragmentos de las piezas sinfónicas, él dirige de verdad, tanto que, si cometía un error, la orquesta se desmoronaba. Algunos músicos incluso le dijeron: “¡Hemos tenido directores que no son tan buenos como tú!”. Pierre (Jimmy), por otro lado, es un músico autodidacta y de corazón. Nunca asistió al conservatorio, pero compone y toca el piano con un nivel altísimo. Para la película, tomó clases de trombón durante varios meses con Estelle Wolf, una trombonista que toca tanto en formación clásica como en su banda. Durante la película, toca a un nivel amateur perfectamente aceptable.
Durante los fragmentos de las piezas sinfónicas, Benjamin dirige de verdad, tanto que, si cometía un error, la orquesta se desmoronaba. Algunos músicos incluso le dijeron: '¡Hemos tenido directores que no son tan buenos como tú!'
¿Para los papeles secundarios, buscaron actores o músicos?
Busqué actores, pero tenían que saber tocar música. Como ellos se mezclarían con los músicos de las bandas, tenían que ser indistinguibles entre sí. Sin ánimo de ofender, me apasiona la armonía en el set.
Usted primero fue actor que director, ¿en qué le ayuda haber estado frente a la cámara para dirigir?
Es invaluable saber lo que es estar frente a una cámara. Los actores a veces sienten desconfianza en los directores; entonces, cuando se encuentran con un director que conoce su oficio, empatizan con él y se sienten seguros. Y la confianza es crucial. Siempre les doy libertad. Los diálogos están escritos, pero siempre estoy abierto a sorpresas, sea cual sea la importancia del papel. Benjamin, por ejemplo, es muy inventivo. Siempre está creando cosas nuevas, intentando enriquecer el personaje y las situaciones. Es muy virtuoso y perfeccionista. Y cuando es demasiado, lo reducimos en el montaje. Pierre también inventa a su manera. Tiene un lado instintivo y animal, y al mismo tiempo, construye su papel con mucha reflexión. Es muy fino y preciso. Ambos tienen naturalezas muy diferentes, pero se complementan a la perfección.
¿Dónde rodaron la película?
En Lallaing, cerca de Douai. Irène y yo habíamos explorado la zona. Le pregunté al director Frédéric Touchard qué banda de música contactar. Así que un día quedamos en su casa. Después del ensayo, tomamos unas cervezas y la gente allí fue inmediatamente acogedora. Sus personalidades, así como sus instalaciones de ladrillo y la sala de ensayo que se muestra en la película, encajaban a la perfección con lo que buscaba. Para mí, la elección fue obvia: ¡había encontrado la banda de música de Walincourt! Así que es esta banda la que vemos tocar en la película.
La banda de Walincourt, a la que pertenece Jimmy. Foto:Diaphana Distribution
REDACCIÓN DOMINGO
EL TIEMPO