Nora Krug asumió la misión de proponer otros trazos de la guerra

hace 18 horas 16

Nora Krug tenía trazada la idea de estudiar música. De hecho, se inscribió en el Liverpool Institute for Performing Arts, fundado por Paul McCartney, en el que también hay programas de escenografía. Pero la experiencia dentro de la vieja y respetada escuela del cantante de los Beatles –el mismo que compuso Pipes of Peace, una canción acerca de la crudeza del combate y un respiro entre bandos durante la Primera Guerra Mundial– configuró los primeros indicios del vínculo de Krug con la guerra. Años después decidió contar una historia emparentada con la Segunda Guerra Mundial, su familia y el incómodo peso de la culpa que dejó ese conflicto.

Pero antes, el destino llevó a la estudiante a forjar un interés por las artes visuales y el diseño. La idea de navegar entre acordes y melodías se fue difuminando ante un nuevo panorama: “Me aceptaron en el programa de escenografía. Nunca quise ser escenógrafa, pero era el único tema en diseño que enseñaban. Entonces, me dediqué a crear portadas de discos compactos para músicos y bandas y después creció mi interés por el cine documental. Luego pregunté si podía hacer un documental como proyecto final y cuando me dijeron que sí decidí trabajar en uno acerca de la guerra en Sarajevo (Bosnia y Herzegovina). Siempre me llamó la atención el tema de la guerra, y tuve un compañero que era refugiado”, comenta Nora Krug en una charla con EL TIEMPO.

“Viajé hasta Bosnia y Herzegovina y rodé un documental sobre la posguerra, quería saber lo que pasaba después del conflicto y de que todos los medios de comunicación ya se hubieran ido”, dijo la autora. Su interés no era cosa del azar.

“Me preguntaba: ¿cómo vive la gente con el legado de la guerra? Y, por supuesto, quería saberlo porque soy alemana. En ese entonces no lo sabía, pero esa fue probablemente la razón por la que me interesó explorar el impacto de la guerra”, insiste. Sin embargo, casi como un sello de identidad en su inquieto desarrollo profesional, conoció a un profesor de ilustración que tenía una sensibilidad social en sus proyectos, quien le mostró nuevas posibilidades de expresión. “Me di cuenta de que también se pueden contar historias sobre acontecimientos políticos”, aunque en ese ciclo llegó a imaginarse que se dedicaría a los cómics, pero su formación audiovisual la llevó a alejarse de las viñetas y los estilos tradicionales. Estudió narrativa ilustrativa en Nueva York, pero, como ella dice, “con un pensamiento centrado en el documental, las entrevistas, la investigación”.

 Lejos de mi hogar

Detalle de la portada del libro 'Heimat: lejos de mi hogar'.  Foto:Editorial Salamandra

Eso la llevó a crear Heimat: lejos de mi hogar, uno de los libros más bellos, inusuales, reflexivos y, sobre todo, muy personales alrededor de las huellas de la guerra en las personas. Pero no tanto acerca de las heridas físicas, su crueldad a flor de piel o los traumas profundos. Ya se consigue en Colombia (Editorial Salamandra) esta obra enfocada en analizar el peso de la culpa después del conflicto, en la cual la autora hurgó en su propia familia, creando una propuesta literaria con una mezcla de cómic, dibujos, collage, fotografía y un colorido inesperado en este tipo de relatos.

Al vivir en Estados Unidos, esta ilustradora, hoy con 48 años, expone en el libro reacciones (positivas y negativas) al contarle a la gente acerca de su origen, un primer paso a una reflexión sobre su pasado y su identidad. Otro detonante de esta aventura editorial fue el descubrimiento de una caja con impactantes recuerdos de uno de sus tíos y la revisión juiciosa de apartes de la vida de su padre y, sobre todo, de su abuelo.

Heimat: lejos de mi hogar muestra fotos de ese tío (que fue enterrado en Italia durante la guerra), fragmentos de cuadernos en los que describió aventuras de vikingos y en los que quedaron plasmados mensajes acerca de Adolf Hitler, antes de convertirse en el líder y destructor de Alemania.

“Para mí, él era un completo extraño. No conocía a nadie que lo hubiese conocido. La guerra y la muerte eran las únicas cosas que asociaba con él”, escribe Krug en una de las páginas del libro. Pero esta trama literaria ofrece más giros, revela otras motivaciones y no es, ni de cerca, un texto de historia o denuncia. Parece más una novela gráfica con un tono de thriller, de suspenso, mucho color y estética innovadora que acaricia momentos de drama y que es muy honesta en lo que quiere compartir acerca del Holocausto y la vida de quienes tuvieron (desde ambos bandos de la guerra) un vínculo, quizá como espectadores o víctimas silenciosas ante la barbarie. No es un texto que describe un momento, es la reflexión de su autora frente a algo que no vivió, pero que parecía estar siempre ligado a ella y a sus raíces.

Juego visual

“Hay una consistencia en que cuando hablo con mi propia voz, siempre es así. Son fotografías o ilustraciones a toda página. Cuando hablo de una biografía, estoy usando los cómics. Y luego tengo estas páginas. Es un patrón que permitiría al lector entender: ‘Bueno, ahora estamos de vuelta en la historia de tu abuelo porque es un cómic. Aparte de que el estilo collage realmente me ayudó. Porque es muy intuitivo y también, para mí, una de las razones por las que lo elegí es porque me relaciona estrechamente con la idea de la memoria”, describe Krug de la forma y el fondo del libro.

Heimat es una palabra en alemán que hace referencia a un lugar, un paisaje o un contexto donde una persona experimenta una sensación de familiaridad y que conecta de generación en generación, y la obra de Krug lo revela a través de muchos elementos narrativos (y claro, visuales) y a la vez tiene una amenazante relevancia con lo que podría pasar en el presente, en el sentido de que el ciclo de tensiones, violencia y guerras sobrevive, como elementos de recuerdo, análisis y de confrontación para las nuevas generaciones, que también van a preguntarse sobre su identidad, su pasado y las consecuencias de este en el presente.

 Lejos de mi hogar

La propuesta visual usa ilustraciones y 'collages'. Foto:Editorial Salamandra

“La identidad es la palabra clave en este momento porque siento que estamos en una crisis de identidad. En Estados Unidos estamos muy divididos. Pero bueno, hablando de esta obra, siento que es una historia universal, que no se trata solo de mi familia o de Alemania, sino de nuestra responsabilidad de enfrentarnos al pasado. Y esta es la conversación que mantengo todo el tiempo. Cuando estuve en Canadá, el público me habló de los pueblos de las primeras naciones y de lo mal que se los trataba”, rememora, solo para dar un ejemplo. “La gente que lee Heimat se da cuenta de que puede identificarse con la historia”, reafirma.

Krug, que vive en Brooklyn, también es reconocida por sus ilustraciones de Sobre la tiranía, obra del historiador Timothy Snyder que ofrece 20 claves para actuar con conciencia individual y colectiva ante las amenazas geopolíticas y el declive moral y sociopolítico que se vive en Estados Unidos, trazando un paralelo entre regímenes dictatoriales del pasado y autoritarismos contemporáneos.

“Fue una experiencia maravillosa, pero también me sentí como si estuviera creando un diario visual de una época, porque a medida que ilustraba las cosas iban sucediendo. Por ejemplo, el 6 de enero de 2021, cuando la gente invadió el Capitolio en Washington, yo estaba dibujando el capítulo sobre los paramilitares. Sentí como si estuviera creando un diario, y eso lo hizo muy personal para mí y en cierto modo se parece mucho a Heimat”, explica emocionada.

También es la artífice de Diarios de guerra, obra en la que, de nuevo, los dibujos y las viñetas fueron sus armas estéticas. “Entrevisté a una periodista ucraniana (a la que llamo K) y a un artista ruso (que es identificado como D). La primera tenía miedo de morir en un bombardeo o de ser asesinada en Kiev, y el segundo se preocupaba por ser reclutado en el ejército, pero básicamente estaba a salvo. Quería mostrar el contraste e ilustré sus relatos”, agrega la autora, que se comunicó por mensajes de texto y comenzó creando un diario semanal con sus testigos del conflicto.

La confrontación humana y sus heridas no dejan de seguir a Krug, que se lo toma en serio y quiere ahondar más en el tema. Ahora está trabajando con la Universidad de Yale.

“Estoy investigando y recopilando testimonios alrededor del Holocausto de la Segunda Guerra Mundial para otro libro, está en una primera etapa, pero sé que será más personal y poético”, finaliza en tono serio esta escritora que, de seguro, sería feliz fumando la pipa de la paz.

ANDRÉS HOYOS VARGAS

@AndresHoy1

ELTIEMPO IMPRESO

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