Assassin’s Creed Shadows representa un punto de inflexión en la saga de Ubisoft al materializar una de las ambientaciones más solicitadas por los seguidores: el Japón feudal. Ambientado en el turbulento período Azuchi-Momoyama del siglo XVI, el juego propone una aventura narrativa en torno a dos personajes con estilos complementarios: Naoe, una asesina shinobi ágil y sigilosa; y Yasuke, un samurái de origen africano inspirado en una figura histórica real.
Ambos protagonizan una campaña interconectada que recorre paisajes japoneses marcados por la guerra civil y la lucha entre clanes, todo bajo la sombra de una misteriosa organización conocida como los Shinbakufu.
Una de las principales novedades de esta entrega es la jugabilidad dual. Cada protagonista cuenta con habilidades, equipo y progresión propios, permitiendo a los jugadores elegir entre enfoques de combate directo o infiltración.
Mientras Naoe domina el sigilo, el uso del entorno y herramientas ninja, Yasuke ofrece una experiencia más física y frontal, con katanas, lanzas y una resistencia superior. Este sistema brinda mayor flexibilidad para afrontar misiones y diversifica el ritmo de juego.
Desde los primeros minutos, Shadows ofrece una jugabilidad variada, con herramientas y movimientos que permiten explorar y combatir con libertad.
El sigilo —elemento clásico de la franquicia— está bien representado, y se complementa con opciones de desplazamiento vertical, uso de sombras, y dispositivos como bombas de humo o ganchos.
Además, la interacción con el entorno eleva el nivel de inmersión: cortar bambú, atravesar vegetación o derribar estructuras menores no solo es visualmente atractivo, sino que agrega un dinamismo único a las secuencias de exploración y combate.
La ambientación es otro de los puntos más destacados. Shadows recrea con precisión escenarios rurales y urbanos del Japón del siglo XVI, incorporando un sistema de estaciones que modifica el entorno de manera visual y jugable. Por ejemplo, los lagos pueden congelarse en invierno, y las lluvias torrenciales en primavera afectan la visibilidad y el sonido ambiente. Estas variaciones refuerzan la inmersión y otorgan vida al mundo abierto.
El escenario es amplio y está lleno de detalles, lo que invita a la exploración a fondo. Recorrerlo a pie puede tomar tiempo, aunque el desplazamiento a caballo resulta particularmente rápido, que es poco convincente.
En el apartado técnico, el juego se beneficia de estar desarrollado exclusivamente para la generación actual. El motor Anvil ha sido mejorado con iluminación global por trazado de rayos y uso de micro polígonos, lo que se traduce en un mayor nivel de detalle, distancia de dibujado más estable y un comportamiento más realista de la luz y las sombras.
El rendimiento es sólido en consolas como PS5 y Xbox Series X|S, con modos de juego que permiten priorizar resolución o fluidez. En PC, el título exige hardware potente para aprovechar todas sus capacidades visuales.
La inclusión de un “modo inmersivo” que respeta los idiomas originales de cada personaje (japonés, portugués) también es un pounto a destacar como un acierto cultural. Sin embargo, persisten elementos discutibles como la inteligencia artificial enemiga, que se percibe poco desafiante en situaciones de sigilo, y la repetición en algunas actividades secundarias, lo que puede afectar el ritmo para jugadores que busquen una experiencia más condensada.
Assassin’s Creed Shadows es una entrega ambiciosa que combina lo mejor de la fórmula clásica con ajustes visuales, técnicos y de diseño que enriquecen la experiencia sin alejarse por completo del modelo establecido en entregas previas.
La exploración del Japón feudal, el enfoque dual y el refinamiento de sistemas existentes lo posicionan como uno de los títulos más destacados de la saga reciente, aunque aún deja espacio para futuras reinvenciones más profundas.