Rusos aplazaron la reunión del acuerdo bilateral de verificación.

 está en vilo pacto entre Rusia y EE. UU.

Los técnicos que se encargan de verificar el cumplimiento del Nuevo START, el último tratado que limita los armamentos nucleares de Estados Unidos y Rusia, llevan más de dos años sin poder hacer su trabajo. Y, hasta ahora, nadie sabe cuándo volverán a hacerlo.

El lunes Rusia decidió, de manera unilateral y por sorpresa, aplazar indefinidamente las reuniones de la Comisión Bilateral de Consulta (BCC, en inglés), el cuerpo encargado de la implementación del acuerdo, previstas para diciembre en El Cairo.

Para los estadounidenses, el principal objetivo de las reuniones era acordar una posible vuelta a las inspecciones de armamento nuclear sobre el terreno, que llevan pausadas desde 2020, primero por la pandemia y después por las limitaciones a los viajes entre Rusia y EE.UU. tras la invasión rusa a Ucrania.

De momento, las autoridades rusas no han ofrecido motivos para posponer las reuniones, y el lunes John Kirby, uno de los portavoces de la Casa Blanca, reconoció que todavía no han recibido “una respuesta sólida” del Kremlin sobre la cancelación.

Este martes, el viceministro de Exteriores ruso Serguéi Riabkov dijo que Washington quería usar las reuniones solo para discutir la reanudación de las inspecciones, y que “no tenían en cuenta nuestras prioridades”, aunque matizó que la decisión se vio afectada por la guerra en Ucrania.

Riabkov explicó que ofrecerán una nueva propuesta de fechas más adelante, pero que EE.UU. debe tomar la iniciativa y tener en cuenta las prioridades y señales rusas.

El tratado Nuevo START es la última barrera entre las dos potencias atómicas y una carrera nuclear sin límites, algo que, en un contexto de amenazas nucleares explícitas por parte del presidente Vladímir Putin, a cuenta de la guerra en Ucrania, adquiere un cariz dramático.

Firmado en 2010 por los entonces presidentes Barack Obama y Dmitri Medvédev, el acuerdo está vigente hasta 2026 y limita a 1.550 el número de ojivas nucleares de largo alcance que cada país puede tener desplegadas.

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También restringe el número de vehículos y sistemas de lanzamiento que pueden tener desplegados o en reserva Washington y Moscú, pero su pieza fundamental es el régimen de verificación que el tratado establece para asegurar que se cumplen los límites.

Tanto EE.UU. como Rusia pueden llevar a cabo hasta 18 inspecciones al año de los arsenales nucleares del otro sin dar apenas tiempo al país receptor para prepararse: los técnicos avisan 32 horas antes de llegar y después eligen el lugar que quieren examinar, que debe ser respetado por las autoridades receptoras.

Este sistema de verificación ha funcionado bien desde que entró en vigor el acuerdo en 2011, y ambos países han realizado las 18 inspecciones anuales hasta que fueron suspendidas por la pandemia en 2020.

Cuando EE.UU. trató de que se reanudaran este verano, Rusia se negó hasta que se resolvieran los problemas que tienen sus técnicos para obtener visados y viajar al país por las sanciones impuestas por Washington en respuesta a la invasión de Ucrania.

Paréntesis una renuncia a las prioridades

Un portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca aseguró que las palabras del vicecanciller Serguéi Riabkov no se corresponden con la realidad: “Estamos comprometidos con nuestras obligaciones bajo el Nuevo START, incluida la de discutir cualquier asunto que Rusia incluya en la agenda”. La fuente aseguró que la postergación rusa de las reuniones “fue una decisión de renunciar a las prioridades que el equipo ruso había identificado (...), tanto como una decisión de evitar trabajar en nuestra prioridad, que es la vuelta a las inspecciones”.