'Pedía que no me matara por mi bebé, que me soltara; escapé de cafetal en Valle'

1 semana ago 6
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La pesadilla para una mujer que trabaja prestando servicios de transporte en una moto que compró por 2,5 millones de pesos y que sigue pagando a plazos comenzó con una llamada telefónica. Era la noche del 13 de febrero de este año.

Ella es la sobreviviente de asesinatos en serie de un hombre que aceptó cargos de homicidio agravado, en concurso homogéneo sucesivo en dos eventos, aunado a tentativa de homicidio y en concurso heterogéneo con hurto calificado agravado en tres eventos.

Aunque el agresor fue condenado a 35 años, 9 meses y 18 días de prisión, el pasado primero de septiembre, por dos homicidios y el intento de asesinato de esta sobreviviente, la Fiscalía informó que sigue la investigación por otros posibles crímenes que podrían haber sido cometidos por la misma persona, hoy encerrada en la cárcel Villahermosa, en Cali

No obstante, la defensa del condenado apeló la decisión del Juzgado Tercero Penal del Circuito de Cartago, donde el proceso judicial se llevó a cabo. De ahí que el caso pasa a una segunda instancia que podría dar por sentada o no, la ejecución de la pena. 

Según lo expuesto por la Fiscalía, al parecer, este hombre, identificado como Devany Antonio Correa Suárez, se habría ganado la confianza de sus víctimas, las relacionadas en el proceso, y quienes vivían en el norte del Valle y en el Eje Cafetero. 

Quizás por eso, la sobreviviente no tuvo reparos cuando la llamó aquel hombre, oriundo de Risaralda. 

De acuerdo con el expediente judicial conocido por EL TIEMPO, es de contextura gruesa, piel blanca, con algunas canas, calvo en ambos lados de la cabeza, frente amplia, cejas separadas y escasas; orejas pequeñas con sus lóbulos separados, nariz mediana, mentón redondo, bigote escaso y sin barba. Este hombre, de 1,70 metros de estatura, tiene, además, una cicatriz en el dedo de una mano. 

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La joven, cuyo nombre se omite por su seguridad y cuyo testimonio a la Fiscalía fue clave para condenar a su agresor, de 51 años, no sospechó de esta persona que al otro lado de la línea en el teléfono le pedía que lo transportara, de nuevo.

La primera vez la contactó, el 12 de febrero de 2022, dos días antes del atentado, cuando él se le acercó en el sitio donde motociclistas que trabajan en transporte, conocidos como 'motorratones' o mototaxistas, se parquean en el barrio Las Colinas, en Armenia (Quindío). 

El entonces desconocido le dijo que vivía en la capital de Quindío y le prestó el servicio de transporte. 

Por eso, cuando la llamó esa noche del 13 de febrero, pues le había dado su número de celular, esta joven no sintió desconfianza, sino todo lo contrario. De hecho, su pasajero le había dicho que tenía hijos pequeños y se los mostró en una fotografía por su dispositivo, cuando lo conoció. 

Ella estaba lejos de pensar toda la pesadilla que horas después afrontaría, en la que su propia vida iba a estar en juego. 

De acuerdo con la investigación, le pidió que lo llevara a Cartago, municipio en el norte del Valle del Cauca. Este departamento colinda con Quindío. Armenia, su capital, está a una hora de Cartago.

Le dijo que quería ver una finca, asegurando que él trabajaba comprando este tipo de propiedades. Le prometió pagarle 100.000 pesos por la carrera y ella aceptó, pues pensó que era el servicio que esperaba prestar para tener un poco de dinero. 

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Fue así que a las 7:20 de la mañana del 14 de febrero de este 2022, la joven salió de su vivienda en Armenia, en la motocicleta que le compró a un amigo y seguía pagando, una Bóxer de color negro.

Se dirigió al sector llamado Colanta, en la capital quindiana. Quedó de recoger a su pasajero en una panadería.

"Durante el camino le hizo preguntas sobre con quién vivía, de quién era la motocicleta, que si había hecho el traspaso de la moto", dice el expediente.

En ese trayecto le dijo que se dirigiera a Cartago. Al llegar allí, el pasajero le dijo a la mototaxista que tomara rumbo a El Águila, municipio que está también en el norte del Valle del Cauca

"Que ahí le mostrarían una finca. Cuando llegaron a El Águila estuvieron en
dos panaderías. En una había cámaras, de ahí el hombre le dijo
que fueran a ver la finca", se lee en el expediente.

Salieron hacia una vereda, cuyo nombre la sobreviviente no recuerda.  

Ella contó que vio a unas personas cargando plátanos. Era alrededor de la 1:00 p. m. de ese 14 de febrero. 

Siguieron el camino y cuando estaban como a cinco cinco kilómetros de El Águila, él habría simulado llamar a alguien por teléfono. El hombre le dijo a la conductora que estaban cerca, que vendría un muchacho a mostrarle la finca y que se detuvieran.

Estaba lloviendo, por eso, ella llevaba unas botas y una especie de plástico para protegerse del temporal. 

Se bajaron y en momentos en que ella revisaba un mensaje de WhatsApp en su celular, se asustó al ver a aquel hombre con una puñaleta larga. 

"Se la tiró por detrás de la espalda, la encuelló, le iba a tirar al pecho. Ella le puso la
mano", dice el documento.

La sobreviviente empezó a luchar por su vida. Contó que hubo forcejeo, en medio de unos cafetales.

Se deslizaron y cayeron. Luego, la agarró del cabello y en un momento, ella cogió el
cuchillo y se cortó. Le decía que la soltara, que se llevara todo. 

"¡No me mate! ¡No me mate!", era la súplica, insistiendo en que ella es madre de una bebé. 

'¡No me mate! ¡No me mate!', era la súplica, insistiendo en que ella es madre de una bebé

Pero el hombre, "le decía que no la podía dejar viva, le daba puñaladas por el cuello, pero como tenía chaqueta cuello de tortuga no entraron". 

El relato en el expediente continúa. "Él le tiraba sin compasión, mientras ella seguía gritándole que no la matara. En ese forcejeo él se cayó y ella empezó a correr por un cultivo de café".

El hombre la persiguió con el cuchillo en la mano.

Mientras tanto, ella seguía corriendo. Luego tomó camino por una trocha sin pavimentar. Después se cayó y rodó hasta que se levantó, y siguió corriendo por su vida, "sin mirar hacia atrás, sentía que se le venía el mundo".

En ese instante vio una casa. Agilizó el paso y allí había una señora con unos niños.

"Me quiere matar". Le pidió ayuda y la dueña de la casa aceptó nerviosa. La sobreviviente entró a uno de los cuartos de la vivienda. 

Después llegó el esposo de la señora. "La vieron que estaba muy mal herida, les contó que venía de Armenia a realizar una carrera en su moto. Subieron una loma caminando, pensó que se iba a desplomar, les mostró dónde intentaron matarla".

Llegaron luego unos agentes de Policía y la llevaron al hospital de El Águila. De allí fue remitida a un centro asistencial, en Cartago. 

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El hombre se llevó la motocicleta de la víctima, además de que también alcanzó a hurtarle su teléfono celular que le costó 500.000 pesos, la tarjeta de propiedad de la moto, un maletín rosado de su hija pequeña y un pantalón.

Once días atrás, María Liliana Ramírez Carvajal, tambien mototaxista, fue asesinada. Ella, de 33 años, habría peleado por sobrevivir, según el expediente, las declaraciones del fiscal encargado, así como lo estipulado por el despacho judicial, y policías que dieron testimonios y pruebas que apuntaban a Correa Suárez como el mismo agresor. 

De acuerdo con la investigación, María Liliana Ramírez recibió una llamada telefónica a eso de las 9:45 a. m. del 3 de febrero de este 2022. Pero, el hombre que la llamó dijo ser venezolano y que estaba comprando una finca. También dijo que era un minero y le encomendó que lo llevara a la vereda Santa Marta, de El Águila, ubicada a 15 minutos del pueblo.

"Que le pagaría el día porque iba a ver varias fincas, que si no le gustaba una de
Santa Marta que saldrían para San José, a una hora de El Águila".

La moto de esta segunda víctima era una Discovery azul con negro 125, modelo
2016. 

Esta víctima vestía sudadera, camiseta y saco rojo con botas plásticas.

Solo tenía un mes de ser mototaxista. La pareja de ella se la regaló.

La familia conversó con ella por teléfono y le dijo que estaba con un cliente.

"Llego la noche y no apareció. Como a las 8:30 p. m., el esposo fue a preguntar por ella", dice el relato en la investigación.

Nadie la había visto. Pasaron las horas. Al día siguiente, a eso de las 9:30 a. m., sus familiares no tenían razón de su paradero. 

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Fue hasta que interpusieron la denuncia de la desaparición y se enteraron de que una mujer había sido asesinada en zona rural de El Águila. 

En ese instante, la Policía informó que la persona que encontraron sin vida vestía sudadera y camiseta de color rojo. Su cuerpo estaba en un área cafetera, en la vereda Santa Marta.

Según las autoridades, "se veía como si hubiera batallado, porque había un buen pedazo despejado de rastrojo, como si ella se hubiera defendido". Quedó boca abajo.

La Policía informó que además de la moto, a la víctima le hurtaron el bolso con documentos y 1’300.000 pesos que cargaba en efectivo. 

"Existe informe de investigador de campo que recopila videos de cámaras de
seguridad de una estación de servicio, ubicada en el punto de ingreso al
municipio El Águila, aportándose capturas de pantalla del momento justo en
que la víctima salía en su motocicleta, movilizando como parrillero a
un hombre". Era similar al desconocido que 11 días después fue captado por cámaras de seguridad junto a la hoy sobreviviente, saliendo de Armenia hacia el norte del Valle.

María Liliana Ramirez tenía 33 años. Murió por un trauma craneano severo, de origen contundente y por una herida por arma cortante penetrante en el cuello.

La Policía también indagó con la Fiscalía el número telefónico del detenido y fue así que se abrió una investigación, desde el pasado 22 de febrero. Hubo cruce de datos y, según la Fiscalía y la Policía, las llamadas a ambas víctimas coincidían desde el mismo número telefónico.

Pero las muertes y los ataques no se detuvieron. Esta vez, fue un hombre quien cayó preso de su agresor, quien fue señalado dentro de la misma investigación de los atentados contra María Liliana Ramírez y la sobreviviente. 

"Para el primero de abril de 2022 se efectuó la inspección técnica al cadáver de un
hombre en el corregimiento San Isidro, jurisdicción del municipio de Obando", dice el informe judicial. 

Obando también está ubicado en el norte del Valle. 

Esta víctima fue identiticada como Marco Aurelio Muñetón Quintero, de 45 años.

También fue asesinado con arma cortopunzante y le robaron su motocicleta que utilizaba para laborar por esos días como mototaxista.

El cadáver presentaba 13 lesiones traumáticas en tórax.

Esta víctima era constructor y tenía apenas una semana como mototaxista.

Manejaba una Discovery ST-150, de color rojo y negro, de placas XEY-28D.

Datos del forense señalan que murió a eso de las 6:50 p. m., del 31 de marzo de este 2022.

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Allegados de la víctima supieron que algo extraño había pasado, pues la moto apareció en venta, en una red social. Era inusual, teniendo en cuenta que no era seguidor de páginas en internet. 

Las pistas, de acuerdo con la investigación, apuntaron, otra vez al hoy condenado a 35 años de prisión. 

Fue detenido por orden de la Fiscalía 17 Seccional de Cartago, luego de que el Juzgado Quinto Penal Municipal de esta ciudad vallecaucana encontró legales los procedimientos y el allanamiento de una vivienda en Quindío para la captura. Se produjo el pasado 13 de mayo, en el centro de Armenia.

¿Quién es el detenido y hoy condenado a 35 años por estos crímenes en el Valle?

Según el expediente judicial, el detenido es padre de tres hijos, de 8 meses, 3 y 7 años. No vive con la madre de los niños. 

Nació el 10 de enero de 1971, en Santuario, en Risaralda. Su ocupación era oficios varios. 

Las autoridades indicaron que previamente le registraron 17 anotaciones como indiciado por actuaciones sobre presunto abuso de confianza y hurto, relacionadas con apropiación y venta de vehículos.

La audiencia de verificación de allanamiento a cargos se cumplió el 10 de agosto de 2022.

En la sentencia también se indicó que fue condenado a la pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas, durante 20 años.

El juzgado negó, además, la suspensión condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria, de acuerdo con lo expuesto en la parte motiva de la providencia "por lo que deberá continuar privado de su libertad hasta tanto cumpla su pena como sentenciado (...)". 

CALI

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