La gran promesa del mundo digital es proporcionar una seguridad implacable. Sin embargo, hay algo que solo puede construirse entre seres humanos: la confianza. En Hash House pasa algo como esto.

La puerta, que simula un biombo japonés, permanece cerrada y así permanecerá hasta que la “token”. Para entrar a Hash House es necesario tener un NFT o token no fungible (imágenes digitales creadas en blockchain, únicas e irrepetibles) de la colección del club o, para los más novatos, al menos una invitación. Los hombres vestidos de negro que bloquean el paso no dirán ni una palabra y esperarán a que el extraño frente a la puerta se presente formalmente mostrando su NFT. Mientras esto no ocurra, la puerta permanecerá cerrada.

El biombo se corre lenta y mecánicamente, descubriendo un espacio inesperado. Hay una barra de la que salen tragos con rodajas de limón, butacas altas de las que cuelgan pies, tumbonas cercanas al piso y una terraza donde la música retumba tan fuerte como adentro. Es increíble, pero aquí solo se habla de tecnología.

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